L pasado 26 de febrero el correo publicaba un


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E

l pasado 26 de febrero EL 

CORREO publicaba un 

amplio reportaje sobre 

los once alaveses depor-

tados a los campos de concentra-

ción de la Alemania nazi. El artí-

culo se centraba en la vida de Ata-

nasio Gutiérrez, un empleado de 

la Telefónica de origen madrile-

ño casado con una vitoriana. Sus 

cartas desde Francia y Alemania 

antes de ser asesinado en Gusen 

en 1941 son conmovedoras. Un 

testimonio terrible, que la fami-

lia guarda como un tesoro, en el 

que nunca se cita el posible des-

tino. No lo esperaba. 

Entre los diez deportados hay 

uno con una biografía excepcio-

nal. No murió en los campos del 

horror. Afortunadamente fue li-

berado en 1945. Se trata de Am-

brosio San Vicente. Gracias a una 

carta enviada por su hija Elena 

San Vicente, que vive en San Se-

bastián, a la asociación cultural 

Landazuri, que se había hecho eco 

de la deportación alavesa, pudi-

mos conocer una apasionante vida. 

En un artículo de la revista Lan-

dazuri se puede leer lo siguiente: 

«Ambrosio San Vicente nació en 

Vitoria en 1902, hijo de Hilarión 

San Vicente, propietario de una 

sobresaliente empresa de cons-

trucción, con unos amplios loca-

les en el número 14 de la calle Ma-

nuel Iradier. Para hacerse idea de 

esta importancia bastará con de-

cir que tuvo hasta cien obreros y 

que entre las obras que levanta-

ron están el palacio de Augustin-

Zulueta (actualmente Museo de 

Bellas Artes), el palacio de Ajuria 

Enea (hoy residencia del lehen-

dakari), algunos chalés del mis-

mo paseo de Fray Francisco y las 

famosas casas de la contigua calle 

Elvira Zulueta, que también man-

dó construir Augustin. 

Ambrosio, nacionalista vasco, 

fue miembro del Araba Buru Bat-

zar durante la República y suce-

dió a su padre al frente de la em-

presa. Al estallar la Guerra Civil, 

primero los falangistas y después 

los requetés fueron a buscarle

pero pudo esconderse. La empre-

sa fue incautada, lo mismo que la 

casa, con todos los muebles y otros 

bienes, entre ellos una rica biblio-

teca vasca. Huido con la familia a 

Bilbao y después al País Vasco fran-

cés, Ambrosio, al comenzar la Se-

gunda Guerra Mundial, colaboró 

con los aliados, y en particular en 

la famosa ‘Red Comète’ que se 

ocupaba de pasar a España, con 

identidades falsas, a aviadores que 

caían sobre los países ocupados 

por el ejército alemán, así como a 

otras personas que corrían peli-

gro, principalmente judíos. Con-

cretamente, San Vicente colabo-

raba como guía en la zona vasco-

francesa vigilando la carretera de 

Urrugne y alojando a los aviado-

res en su casa tras recogerlos en 

Bayona. 


Organización franco-belga 

Estas actividades clandestinas pro-

dujeron su detención por las au-

toridades nazis, el 17 de junio de 

1943. Entre los campos de concen-

tración que Ambrosio San Vicen-

te conoció están Buchenwald y 

Flossenbürg. En el momento de 

su liberación, en otro campo que 

los alemanes tenían en Checos-

lovaquia, San Vicente estaba en 

unas condiciones pésimas de sa-

lud. Parece increíble que sobrevi-

viera a tantas penalidades. Cua-

tro de sus compañeros no salie-

ron de aquel horror. Murió en San 

Juan de Luz en 1971 y allí está en-

terrado. 

La ‘Red Comète’ fue una orga-

nización franco-belga que nació 

en Bruselas en 1940 con la finali-

dad de evacuar a los combatien-

tes aliados perseguidos por los na-

zis. Su objetivo era ponerlos a sal-

vo conduciéndolos, con la ayuda 

de las embajadas y servicios alia-

dos en España, hasta Gibraltar. Un 

punto estratégico, tras atravesar 

la Europa ocupada, era el País Vas-

co, lugar elegido para el paso, ge-

neralmente a través del Bidasoa. 

Aquí, un grupo de vascos de am-

bos lados de la frontera colabora-

ron activamente en esta etapa de 

su peligroso viaje. 

El memorial de la deportación 

española en los campos de con-

centración nazis da todavía por 

muerto a Ambrosio San Vicente 

en el campo de Flossenbürg a la 

edad de 42 años. Algo que los da-

tos recogidos por los historiado-

res y la familia desmienten.

HISTORIAS PERDIDAS DE ÁLAVA

FRANCISCO 

GÓNGORA


El espía alavés que       

acabó en Buchenwald

Ambrosio San 

Vicente, un jeltzale 

nacido en Vitoria, 

colaboró con los 

aliados y sobrevivió  

al horror nazi 

·



  Más historias 

perdidas de Álava   

en elcorreo.com



Horror.

 Prisioneros de Buchenwald, en un mural del propio campo. 

::

 REUTERS


Los San Vicente poseían 

la constructora más 

prestigiosa de Vitoria: 

levantaron Ajuria Enea y 

Augustin-Zulueta

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Lunes 20.03.17  



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