Puesto de manifiesto la existencia de una amplia familia formada por 16. 000 perso


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puesto de manifiesto la existencia de una

amplia familia formada por 16.000 perso-

nas con antecedentes segovianos y maorí-

es que celebrarán con orgullo sus lazos

comunes.

Esta familia, conocida como Los

Paniora, que habita en el nordeste de

Nueva Zelanda, se reunía cada diez años

para conmemorar su ascendencia caste-

llana. Ahora, el trabajo de investigación ha

servido para ahondar más en esos antece-

dentes y descubrir la historia de Manuel

José de Frutos Huertas, nacido en

Valverde del Majano (Segovia), hace 200

años y que dejó en las antípodas su des-

cendencia tras casarse con cinco mujeres

antes de morir. Al hasta ahora casi desco-

nocido le habían dedicado un libro, varias

leyendas transmitidas de generación en

generación y una página web que mantie-

ne en contacto a la amplia familia paniora

de Nueva Zelanda.

El segoviano murió pensando que

nadie volvería a acordarse de él en su

país de origen. Pero además de la cruz

donde le recuerdan permanentemente

sus congéneres, una pista ha servido

para sacar del anonimato en Segovia a

este emigrante venerado en las antípo-

das españolas. Con la ayuda de la histo-

riadora Teresa Llorente, quien hizo una

investigación en el archivo parroquial de

Valverde del Majano (800 habitantes), se

comprobó que Manuel de Frutos nació

el 31 de enero de 1811. La tía Suey

Maaka, biznieta de Manuel José, fue

quien reveló que había oído a su padre

hablar a su vez de su abuelo que le decía

que había venido de Castilla, que la

gente le llamaba 'El pelirrojo' y que era

"alto y guapo". Que había enseñado a sus

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nietos en español los nombres de los

objetos caseros como cuchara, tenedor

y cuchillo, palabras en castellano que ella

aún rememora.

La tía Suey Maaka ha sido una de las

mujeres que ha hecho el mayor viaje de su

vida para conocer el lugar de nacimiento

de su bisabuelo, el creador de la saga de

los Paniora. Junto a ella han visitado el

pueblo segoviano de Valverde del Majano

otros 20 descendientes de quien un día

naciera en un punto del planeta y murie-

ra en el lado más alejado de la Tierra.

Introductor del olivo y los caballos 

Manuel José, a quien le quedó de sobre-

nombre el de su padre, plantó en vida un

olivo que aún sigue en pie en la casa

donde habitó en Nueva Zelanda. Su tra-

bajo como ballenero y su faceta de

comerciante están recogidos en un libro

en el que los autores recuerdan que, sobre

1830, llegó a estas tierras y volvió otras

dos veces hasta que en la tercera visita

decidió quedarse de forma definitiva y

levantar una tienda, en compañía de sus

cinco mujeres, con las que tuvo nueve

hijos de los que parte un árbol genealógi-

co con 16.000 descendientes, que puede

consultarse en internet en la dirección:

www.manueljose.org.nz

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La Guerra de la Independencia empezó

mal para la vieja Castilla, que sufrió dos

derrotas consecutivas en la provincia de

Valladolid, en Cabezón de Pisuerga y

Medina de Rioseco, donde los voluntario-

sos ejércitos que defendían España queda-

ron menguados y desmoralizados ante la

abrumadora máquina de guerra que

constituían las tropas napoleónicas. Si

bien es cierto que estas batallas no fueron

los primeros signos de la guerra en las

antiguas provincias de León y Castilla la

Vieja,  ya  que  en  la  historia  se  recuerdan

varios episodios que sucedieron incluso

antes de que el pueblo de Madrid se

levantara contra los intrusos franceses, el

2 de mayo de 1808. 

Así, por ejemplo, se puede considerar el

primer prolegómeno de lo que estaba por

venir un pequeño suceso que se produjo

en noviembre de 1807 en el remoto y

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Crónica de

una rebelión

AUTOR: María Martín

INFOGRAFÍA: Fernando Sanchís

FOTOS: Leticia Pérez / José Vicente / Rubén Cacho / Julio González

David Arranz / Ricardo Ordóñez / Fernando Peñalosa

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pequeño pueblo de Peñaparda, cerca de

la frontera del sur de Salamanca con

Portugal. Según recuerda el presidente de

la Asociación Histórico Cultural

Salamanca 1812, Miguel Ángel Martín

Mas, por esas fechas pasa por esta ruta el

primer ejército francés, por entonces

como aliado de España, con el objetivo de

invadir Portugal. "Este ejército requisa

ganado y cosas así y los paisanos, que no

saben nada de alianzas políticas, protago-

nizan una emboscada en la que matan a

cien franceses", explica. 

Pero la violenta reacción de los peña-

pardinos contra los franceses no es la

única que se produjo en la actual Castilla

y León de forma previa al inicio oficial de

la Guerra. Así, en León consideran que el

24 de abril de 1808 protagonizaron su

propio 'Dos de mayo' al levantarse "para

defender a Fernando VII que está en peli-

gro", según relata Patrocinio García

Gutiérrez en el libro 'La ciudad de León

durante la Guerra de la Independencia'.

Todavía hoy en día hay asociaciones y

organizaciones leonesistas que continúan

reivindicado el origen de la 'francesada' en

León e incluso pretenden que el Día de la

Comunidad se traslade del 23 al 24 de

abril por este motivo. 

No es la única, también en Burgos recla-

man su particular 'Dos de mayo' y lo

fechan en concreto el 18 de abril de 1808.

En esa fecha se produjo una revuelta

popular que terminó con las tres primeras

muertes españolas de la Guerra, según

narra una placa colocada en 1937 en el

interior del Arco de Santa María: "Al pue-

blo burgalés, que antes que ninguno de

España se alzó contra los franceses invaso-

res en esta plaza donde murieron por la

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Patria  Manuel  de  la  Torre,  Nicolás

Gutiérrez y Tomás Gredilla el 18 de abril

de 1808". La inscripción continúa con el

homenaje a los vocales de la Junta

Superior de Burgos que fueron ahorcados

en Soria en 1812. 



Estalla la Guerra: primeras derrotas

Sea como sea, a mediados de mayo de

1808 toda España se había levantado ya

contra los ejércitos napoleónicos, con

más voluntad que medios en muchos

casos. Así, por ejemplo, de la defensa de

Valladolid se encargó el general Gregorio

de la Cuesta, veterano oficial español que

logró reunir a 5.000 hombres, el Ejército

de Castilla, aunque sus filas las integraban

en su mayoría voluntarios inexpertos.

Decidido a bloquear el paso de Burgos a

Madrid de las tropas francesas, cometió el

error de cruzar el río Pisuerga en Cabezón,

enfrentándose a un ejército más numero-

so y preparado que obtuvo la victoria en

el combate del 12 de junio pocos minutos

después de iniciarlo. Los retazos del ejérci-

to de Cuesta huyeron hacia Benavente,

dejando la puerta de Valladolid abierta de

par en par para los franceses, que se insta-

laron entonces en la ciudad y no la desalo-

jaron hasta 1813. 

Pero sin duda la batalla que fue crucial

en el inicio de la Guerra fue la de Medina

de Rioseco, el 14 de julio de 1808, que, en

palabras del mismo Napoleón, puso a su

hermano José en el trono de Madrid. En

ella participó de nuevo el general Cuesta,

con la ayuda del ejército de Galicia,

comandado por Blake, que no logró ven-

cer a los franceses liderados por Bessiéres.

La derrota dejó libre el itinerario hacia

Madrid y permitió a las tropas napoleóni-

cas llegar fácilmente a Rioseco, donde

saquearon, violaron y mataron a muchos

ciudadanos. 

Para conmemorar el primer centenario

de esta batalla, en 1908 se erigió un

monumento en bronce, obra del escultor

local Aurelio Carretero, que representa a

un soldado herido y una mujer atendién-

dole a su lado, ubicada en la entrada

desde Valladolid a la Ciudad de los

Almirantes. "Es un hito que todos hemos

visto", señala el alcalde, Artemio

Domínguez, y "que a todos los riosecanos

nos hace reflexionar sobre todas aquellas

personas que lucharon por la indepen-

dencia". 

Por eso, teniendo muy presente la

importancia de la Batalla del Moclín para

la historia de Rioseco, en el año 2003, ante

la cercanía del Bicentenario, desde el

Ayuntamiento empezaron los preparati-

vos y contactaron con la Asociación

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Napoleónica Española para organizar la

primera recreación. "Ya entonces se vio

que era un atractivo turístico más y a

todos nos sorprendió la respuesta de la

gente", con unas 5.000 personas cada día

de recreación, continúa el alcalde, que se

ha propuesto la celebración de "todo lo

contrario a una guerra". "Frente a la cele-

bración de una derrota, que lo fue y tuvo

graves efectos en la vida social de Rioseco,

queremos cambiar el chip: de las desgra-

cias de la guerra a la reconciliación y el

intercambio". 

Hasta la fecha, Medina de Rioseco ha

organizado dos recreaciones del Moclín,

en 2003 y 2006, pero para celebrar por

todo lo alto los doscientos años de esta

crucial batalla el Ayuntamiento se ha pro-

puesto reunir a un millar de soldados en

uno de los eventos más multitudinarios

que tendrán lugar durante 2008. Para ello,

contarán de nuevo con asociaciones

napoleónicas de toda España, pero tam-

bién de otros países de Europa y América.

Poco a poco, el recuerdo doloroso de la

batalla y el expolio va abriendo paso a un

sentimiento de unidad con Europa, sin

rencores del pasado, que se está convir-

tiendo en un potente recurso turístico

añadido a la riqueza monumental de la

Ciudad de los Almirantes.   

Napoleón pisa el campo de batalla

A mediados de 1808 la derrota francesa

en Bailén, la resistencia de Zaragoza y las

continuas rebeliones en el norte hacían

peligrar la intención invasora de

Napoleón, que decidió acudir en persona,

y escoltado por un gran ejército, a solven-

tar los problemas a los que su hermano

José I, "el rey intruso", no había podido

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hacer frente. Así, Bonaparte cruzó la fron-

tera española por Bayona el 6 de noviem-

bre de 1808 en dirección a Madrid, escol-

tado por un gran ejército, y dirige dos

importantes batallas con el objetivo de

"abrirle las puertas" de Burgos. 

La batalla de Gamonal se recreó este

año por primera vez, a iniciativa de los

propios vecinos, con gran éxito de públi-

co. Por su parte, en Espinosa de los

Monteros, un grupo de ciudadanos está

trabajando desde hace un año en un pro-

yecto cultural para conmemorar este

importante hecho histórico, no como

una derrota (murieron 6.000 soldados),

sino desde el punto de vista humano. Así,

uno de sus impulsores señala que se pre-

tende crear un museo didáctico con

paneles explicativos, maquetas y planos

del pueblo a principios del XIX. Aunque

no contemplan la posibilidad de una

recreación, que se les sale de presupuesto,

quieren levantar un monumento conme-

morativo al soldado caído, impartir confe-

rencias sobre la Guerra de la

Independencia e incluso editar un libro,

para el que han conseguido el interés de

Caja Burgos. 



Expolio en Burgos

Tras estas batallas, Napoleón llegó a

Burgos, una de las ciudades que más

sufrió durante la Guerra de la

Independencia al ser lugar de paso de

miles de soldados durante los seis años

que duró el conflicto. Tan lamentable

situación observó el emperador cuando

se dirigía de regreso a París que designó

como gobernador de toda Castilla la

Vieja, con cuartel general en Burgos, al

general Thiébault que atesora, entre otros

logros, la limpieza de la ciudad, el cemen-

terio extramuros y "el sepulcro del Cid y

Doña Jimena de San Pedro Cardeña", des-

pués de que las tumbas de ambos fueran

profanadas por soldados franceses, señala

Martín Mas. Este hecho se destacó en una

inscripción que desapareció en 1842,

cuando los restos del Cid y su esposa se

trasladaron a la Catedral.

Tras su estancia en Burgos, el 22 de

noviembre Napoleón continúa el camino

hacia el sur. Estando en Madrid, recibe la

noticia del paso del ejército inglés, al

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mando de Moore, que se dirigía a

Valladolid desde Salamanca, con la inten-

ción de atraer a Bonaparte para evitar la

campaña hacia el sur del país. Aunque

pronto el comandante británico descu-

brió que el ejército galo era muy superior

al suyo, de modo que cambió de idea y

decidió huir hacia el norte, a León, donde

podría unirse a los restos del ejército de

Blake derrotado en Espinosa, tomando la

ruta de Mayorga, Sahagún y Benavente. 

Se inicia así la llamada 'carrera de

Benavente', que Napoleón arranca en

Tordesillas, continúa por Villalpando,

Castrogonzalo, Valderas, Benavente, La

Bañeza y termina en Astorga, una ruta

con gran valor histórico que, a día de hoy,

no se está divulgando, pese al compromi-

so de estos ayuntamientos, firmado en

mayo de este año, de promover actos

conmemorativos de forma conjunta

durante el Bicentenario. 

La persecución del ejército galo sobre el

británico continuó casi paralela a la actual

autovía A-6 (Madrid-La Coruña), con

varios días de carrera hasta llegar a

Benavente, donde el séquito de Bonaparte

llegó la Nochevieja de 1808. Días después,

en Astorga, el emperador recibió una alar-

mante carta informando de que Austria

estaba formando un ejército, de modo

que dejó al mariscal Soult la caza de los

británicos y regresó a Valladolid, donde las

noticias de París llegaban en cinco días. 

Alojado en el actual Palacio de

Capitanía -frente a San Pablo- permane-

ció Napoleón entre el 6 y el 17 de enero

de 2008, después de lo cual regresó a

Francia para atender otros asuntos euro-

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peos. Valladolid fue, durante la Guerra de

la  Independencia,  la  "capital  del  sexto

Gobierno francés" y estuvo sometida a las

fuerzas napoleónicas "prácticamente los

cinco años de la guerra", señala el historia-

dor Celso Almuiña. Sin embargo, "no

sufrió mucho las consecuencias" del con-

flicto, añade Miguel Ángel Martín Mas, al

ser una ciudad "afrancesada" que incluso

vio favorecido el comercio con la presen-

cia de los galos, que se encargaron asimis-

mo de destruir fábricas textiles allá por

donde iban (Béjar, Ávila y Segovia lo

sufrieron) para mantener el bloqueo con

Gran Bretaña.   

Ya sin Napoleón, la persecución conti-

nuó por la provincia de León y más con-

cretamente por El Bierzo, donde "se pro-

dujeron escenas terribles de saqueo",

señala Martín Mas, en los pueblos de la

montaña y un combate encarnizado en

las calles del municipio de Cacabelos, el 3

de enero de 1809. Para revivir este episo-

dio histórico, de gran trascendencia para

el futuro de la localidad, y contribuir igual-

mente a la difusión turística de la pobla-

ción berciana, nació en el año 2000 la aso-

ciación Tiradores del Bierzo, promovida

por el Centro de Iniciativas Turísticas

Ribera del Cúa, uno de los grupos impul-

sores de la creación de la Asociación

Napoleónica Española. 



Las guerrillas: patriotas con mosquetes

España resistió los intentos invasores de

Napoleón durante casi seis años; de

hecho, fue el único ejército de Europa que

lo consiguió, si bien es cierto que gran

parte de la ventaja de las tropas españolas

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y aliadas se la otorgó la destacada labor de

las guerrillas, un fenómeno pionero aso-

ciado al sentimiento patriótico que nació

como enfrentamiento al intruso y se

extendió por toda la población. Algunos

de los más relevantes de los nacidos en

territorio castellano y leonés fueron Juan

Martín 'El Empecinado', Jerónimo Merino

'El Cura' o Julián Sánchez 'El Charro'.  

En Castrillo de Duero (Valladolid) toda-

vía hoy se mantiene en pie la casa en la

que nació Juan Martín Díez en 1775, hijo

de labradores que llegó a ser mariscal de

campo por sus demostrados méritos mili-

tares. Una placa, colocada en el primer

centenario de la Guerra de la

Independencia (1908) evoca "la memoria

del héroe" que luchó por la libertad hasta

su muerte y que fue un fiero azote para

los soldados franceses, que nunca logra-

ron apresarlo. Ignacio Moratinos preside

el Círculo Cultural que promueve el cono-

cimiento y el recuerdo de este guerrillero

y representa la séptima generación de 'El

Empecinado', aunque matiza que la línea

sucesoria a la que pertenece la rama de

Castrillo procede de su hermano Manuel,

ya que Juan Martín, aunque se casó, tuvo

hijos sólo fuera del matrimonio. "Es un

orgullo tener un ancestro que luchó por la

Constitución, por la libertad", admite. 

El Círculo Cultural 'El Empecinado' se

creó en 1997 para recuperar la memoria

del ilustre vecino del municipio vallisole-

tano y poco a poco van consiguiendo

hitos. Prueba de ello es la estatua de bron-

ce que preside la plaza del Ayuntamiento

desde el año 2003 y la reciente inaugura-

ción de un centro de interpretación, que

ahonda en la apasionante vida de este

personaje que "ha sido injustamente tra-

tado por la historia", señala Moratinos.

Con motivo del Bicentenario de la Guerra

de la Independencia, el Círculo ha creado

una comisión ex profeso que se encargará

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de la organización de los actos. Entre ellos,

recrearán varios capítulos de la vida del

guerrillero y pondrán en marcha una ruta

turística por los lugares relacionados con

las hazañas de 'El Empecinado': Castrillo,

Olmos de Peñafiel, Mélida, Cuevas de

Provanco, Fuentecén, Nava de Roa, San

Martín de Rubiales y Roa. 



El Cura Merino

Durante la Guerra de la Independencia,

'El Empecinado' compartió territorio de

acción y objetivos con otro popular gue-

rrillero, Jerónimo Merino, 'El Cura', clérigo

burgalés nacido en Villoviado, una peque-

ña aldea cercana a Lerma. Según relata

Diego Peña, propietario del Restaurante El

Brigante en Lerma y estudioso de este per-

sonaje, "el Cura Merino empezó con dos o

tres hombres, pero llegó a formar un ejér-

cito de 3.000 y a liderar dos regimientos, el

del Arlanza y los Húsares de Burgos". 

La implicación del 'Cura Merino' en la

lucha contra los franceses fue su reacción

a la "humillación" que sufrió por parte de

los primeros soldados en "cruzarse en su

destino". "Como desprecio a la iglesia, le

cargaron con los platillos y los bombos de

la banda y le hicieron ir así hasta Lerma.

Juró vengarse, cogió la escopeta y se echó

al monte con dos criados que tenía".

Aunque "no era un buen militar", recono-

ce Diego Peña, "era un buen cazador,

conocía bien los montes y era astuto y

muy patriota". Su gran labor guerrillera fue

recompensada con la Cruz Laureada de

San Fernando al mérito militar, con la que

el Rey agradeció al 'Cura Merino' los servi-

cios prestados frente a Francia y posterior-

mente frente a los liberales, cuando volvió

a imponer el absolutismo y abjuró de la

Constitución de Cádiz.

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Al morir Fernando VII y subir al trono

Isabel II, se exilió a Francia, donde murió

en 1844 en Alençon, en la región de

Normandía. Sus restos permanecieron allí

hasta 1964, cuando se reclamaron desde

su tierra natal. "Fue recibido en la frontera

con honores militares y traído hasta

Lerma, donde se colocó un sepulcro en su

memoria", apunta Diego Peña. 



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