San Sebastian, Donostia, Geografia e Historia


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3.2.2 FORMAS DE RELIEVE
Desde un punto de vista geomorfológico pueden diferenciarse 
cinco conjuntos netamente contrastados.
Estratos de la cadena terciaria costera, sec-
tor Igeldo, en la zona del “Peine del Viento.”
Areniscas erosionadas en la zona costera 
del monte Igeldo.

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Geografía e Historia de Donostia / San Sebastián
Conjunto de relieves que articulan el espacio litoral: 
monoclinal Jaizkibel-Ulía-Mendizorrotz.
Articulan el sector septentrional del municipio, es 
decir, el conjunto de relieves que se disponen a lo 
largo de la costa (Cadena Terciaria Costera). Geo-
morfológicamente reciben el nombre de monoclinal 
de  Jaizkibel-Ulia-Mendizorrotz,  identificándose  con 
una alineación montañosa de dirección general NNE-
SSW-W, la cual dibuja un suave arco, con concavidad 
N. Es un relieve muy continuo y homogéneo, puesto 
que su trazado solo se ve interrumpido, en zonas muy 
concretas, por otras estructuras secundarias como 
por ejemplo el anticlinal deducido de Recalde-La Flo-
rida y la falla del Urumea.
Estratigráficamente,  pueden  diferenciarse  dos  con-
juntos litológicos distintos. El primero está forma-
do por una serie de potentes bancos de areniscas 
cuarzosas de color gris-azulado (pardo-amarillento 
por alteración y blanco por decoloración) y cemento 
calcáreo. Campos (1979), señala que estas arenis-
cas "están formadas por un entramado de granos de 
cuarzo bien redondeados, que pueden constituir el 
90% de la roca (siempre más del 75%) y cantidades 
subordinadas de feldespatos y fragmentos rocosos", 
así como mica y glauconita.
Los bancos suelen presentar una ligera gradación 
en el tamaño de grano y, en el conjunto de la suce-
sión, dicho tamaño se incrementa de muro a techo. 
Tampoco son extraños los bancos de materiales más 
gruesos (microconglomeráticos), heterométricos y 
angulosos, tal y como se observa en el Faro de la 
Plata-Murguita.
Su potencia varía extraordinariamente de unos pun-
tos a otros, oscilando entre unos pocos centímetros 
y varios metros (hasta 6 m. en ocasiones). Intercala-
dos entre estos materiales areniscosos, se disponen 
delgados niveles de naturaleza arcillosa y/o margosa, 
aunque en ocasiones, estas intercalaciones son tan 
delgadas que da la sensación que los bancos de are-
niscas se apoyan directamente unos sobre otros. Es 
frecuente observar huellas de corriente y pistas de 
gusanos en el techo de las intercalaciones arcillosas 
y en el muro de los niveles arenosos.
El grado de cementación de la roca, varía de unos 
puntos a otros, e incluso, dentro de un mismo estrato 
existen o pueden existir zonas de cementación des-
igual. En algunos puntos se individualizan gruesas 
bolas fuertemente cementadas que quedan en resal-
te por erosión diferencial, llegando incluso a acumu-
larse sobre la plataforma de abrasión marina.
La segunda, está representada por calizas arenosas, 
areniscas y lutitas. A diferencia de las anteriores, que 
siempre dan relieves importantes, estos afloramien-
tos articulan zonas relativamente deprimidas o relie-
ves menos vigorosos que los desarrollados sobre las 
areniscas mencionadas anteriormente.
Kruit,  Brower  y  Ealey  (1972,  1975),  señalan  que  la 
MAPA LITOLÓGICO
Fuente: Geoeuskadi

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Geografía e Historia de Donostia / San Sebastián
cadena Terciaria Costera se formó a partir de importantes des-
cargas detríticas procedentes del Norte. Estas descargas, se 
produjeron en las desembocaduras de diversos cañones sub-
marinos.  Los  materiales  depositados  van  a  configurar  sendos 
conos de deyección, con disposición en abanico de las huellas 
de corriente. Estas descargas, coexistían con aportes turbidíti-
cos axiales alimentados desde el Este, pero éstos, mucho me-
nos brutales, serían absorbidos y reordenados por las imponen-
tes masas de arenas aportadas por los cañones submarinos. 
Lateralmente, las areniscas de los antiguos conos se suturan 
con las sucesiones flysch.
Según Campos (1979), se pueden distinguir dos conos de de-
yección submarinos; uno, oriental (alineación Jaizkibel-Ulia), que 
comenzaría a formarse en el Paleoceno superior y continuaría 
recibiendo aportes durante el Eoceno inferior, y otro, occidental 
(alineación Mendizorrotz), cuya base se sitúa en el Eoceno infe-
rior; aparte de estos dos, es posible que existiera algún otro de 
menor importancia, responsable de algunas otras intercalacio-
nes de areniscas que se encuentran en el flysch de Guipúzcoa, 
al Oeste de San Sebastián.
La alineación Jaizkibel-Ulia-Mendizorrotz se identifica geomor-
fológicamente como un relieve estructural, del tipo cresta/hog-
back. La topografía traduce fielmente los valores de buzamiento 
(inclinación que presentan los estratos), los cuales experimen-
tan importantes variaciones de Este a Oeste. Así, en el Cabo 
Higuer, los estratos presentan valores en torno a los 15-25° NW, 
mientras que en en el Faro de la Plata y en Ulía, los valores os-
cilan en torno a los 80-85° N, incurvándose hacia el NNE a partir 
de este último punto (90° en Tximistarri, en la isla Santa Clara y 
en el Peine del Viento).
En conjunto, estamos ante un relieve monoclinal, cuyo frente 
domina mediante un importante escarpe de más de trescientos 
metros de altura el corredor Irún-San Sebastián. Este frente, 
muy continuo y rectilíneo, únicamente se ve interrumpido por 
pequeños valles anaclinales que siguen las líneas de máxima 
pendiente, de ahí que presenten un trazado rectilíneo y una pen-
diente longitudinal escarpada. Estos barrancos, de fondo en uve 
y normalmente secos, están separados entre sí por espolones 
areniscosos y/o rellanos estructurales, parcialmente recubiertos 
por derrubios procedentes de los escarpes superiores.
El reverso del monoclinal se resuelve mediante una alternancia 
de chevrones (sector de Mendizorrotz) y profundos barrancos 
cataclinales, de corto recorrido y fuerte pendiente. Estos cur-
sos han excavado su cauce aprovechando las zonas de mayor 
debilidad estructural (redes de diaclasas, pequeñas fracturas, 
cambios en la dirección de los estratos, cambios de buzamiento, 
etc.) y de máxima pendiente, de ahí que los talwegs presenten 
un trazado rectilíneo muy acusado, con escasas acumulaciones 
a lo largo de su cauce.
En algunos puntos, el retroceso de la cabecera por erosión re-
montante y la socavación lateral de los materiales areniscosos, 
favorecen el despegue (movimientos rotacionales, despren-
dimientos, etc) de pequeñas masas rocosas. La existencia de 
intercalaciones arcillosas o arcillo-margosas, favorecen estos 
despegues. Junto a estos procesos, también se observan fe-
nómenos de reptación, erosión de suelos, alteraciones y des-
Acantilados del monte Ulía.  En segundo pla-
no, la punta de Mompás y al fondo, el monte 
Igeldo.

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Geografía e Historia de Donostia / San Sebastián
prendimientos (sobre todo en los alrededores del litoral y en los 
escarpes superiores del monoclinal).
En muchos puntos (Faro de la Plata-Monpas, isla de Santa Cla-
ra), los chevrones son sustituidos por "hog backs" y barras pa-
ralelas a la costa. Estas barras presentan una típica morfología 
en colinas de cima plana o redondeada, quedando separadas 
entre si por pequeños surcos longitudinales (en algunos casos 
por valles ortoclinales), más o menos continuos, que han sido 
excavados por erosión a expensas de los materiales más blan-
dos que articulan la Cadena Terciaria Costera.
Topográficamente, esta alineación montañosa de dirección ge-
neral E-W, presenta altitudes moderadas, que, en ningún caso 
superan los 450 metros, pudiendo destacar las cotas de Mendi-
zorrotz, 416 m.; Igeldo, 279 m.; Ulia, 231 m.; Urgull, 120 m., etc.
A partir del barrio del Antiguo el monoclinal se desdobla en una 
segunda alineación (topográficamente más modesta), que que-
da separada de la principal por un pequeño valle ortoclinal. Esta 
zona recibe el nombre de cresta de Aratzain.
Dentro de este conjunto podemos diferenciar las siguientes su-
bunidades: Acantilados litorales, rasa mareal y formas de acu-
mulación (playas).
Acantilados litorales
El espacio litoral donostiarra, está dominado por costas abruptas 
y escarpadas, ya que los relieves que constituyen la Cadena 
Terciaria Costera llegan directamente al mar, configurando una 
costa longitudinal muy nítida y rectilínea. Las acumulaciones de-
tríticas son escasas, quedando reducidas a pequeñas playas de 
cantos alojadas en el interior de las calas y bahías que salpican 
el litoral. Únicamente, las desembocaduras fluviales configuran 
acumulaciones arenosas de mayor amplitud, ya que normal-
mente, estos espacios están bastante protegidos de la acción 
del mar, funcionando como trampas de sedimentos.
Acantilados de Igeldo
En general, las características lito-estructurales de los acanti-
lados que configuran el monoclinal Jaizkibel-Ulia-Mendizorrotz, 
son poco favorables para la evolución del espacio litoral, puesto 
que están constituidos por areniscas con cemento calcáreo y 
calizas arenosas de edad Paleocena, muy poco fracturadas y 
fisuradas, lo que favorece el desarrollo de una costa rectilínea, 
poco sinuosa. Únicamente, en aquéllos lugares donde los va-
lores de buzamiento experimentan distorsiones importantes, o 
bien donde  el grado de fisuración de la roca se incrementa o 
afloran  litologías  menos  resistentes,  pueden  desarrollarse  ba-
hías, ensenadas o pequeñas calas que interrumpen la lineali-
dad del sector analizado. Normalmente, estos espacios han sido 
aprovechados por los ríos, modelándose amplios estuarios, tal y 
como observamos en La Zurriola-La Concha (estuario del Uru-
mea) y en Ondarreta (estuario fósil de Ibaeta).
A los pies de estos acantilados se observa una plataforma de 
abrasión de dimensiones modestas (máxima extensión en Gros-
Monpas), ya que rara vez supera los 100-125 metros de anchu-
ra. Su génesis está vinculada a los diversos procesos de erosión 
Monte Urgull. Tras él se aprecia el monte 
Ulia.

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Geografía e Historia de Donostia / San Sebastián
mecánica, responsables del retroceso de la línea de costa. Di-
cho retroceso se plasma en una serie de acantilados de altura 
considerable (30-50 m) y en el desarrollo de cursos torrenciales 
que alcanzan el mar mediante pequeños saltos de una decena 
de metros (zona del Faro de la Plata-Monpas).
Entre el Cabo de la Plata y la punta Atalayero, la costa es inte-
rrumpida únicamente por la ensenada de Murguita o Illurgaitz. 
El  resto,  está  salpicado  de  afloramientos  rocosos  sumergidos 
(el veril de - 10 m. corre a 200 m. de la costa). A partir de la 
punta Atalayero, los principales accidentes son el bajo Pekatxilla 
(250 x 650 m., rocoso con algunas retenciones de arena), punta 
Monpas, ensenada de La Zurriola, en cuyo interior se aloja la 
playa de Gros, desembocadura del río Urumea (su barra que-
da completamente en seco durante la bajamar, aunque con las 
obras de ampliación de la playa de Gros, ha sufrido importantes 
modificaciones), isla de Santa Clara (400 m. de longitud) y bahía 
de  La  Concha,  cuyo  extremo  occidental  está  cerrado  por  una 
masa rocosa. Esta última, tiene 0,5 millas de profundidad y su 
fondo es arenoso. Durante los temporales, se produce tal resaca 
en  su  interior  que  las  arenas,  e  incluso  anclas,  experimentan 
importantes remociones, cambiando totalmente su topografía. 
Con vientos del 3 y 4° cuadrante, las aguas se elevan 0,4 a 0,5 
m. sobre el nivel ordinario (generándose corrientes de dirección 
W-E), mientras que con vientos del 1 y 2° cuadrante disminuyen 
en la misma proporción.
La bahía de La Concha-La Zurriola se ha desarrollado en la char-
nela de un segundo repliegue de la Cadena Terciaria Costera. 
Estaba intensamente diaclasada, lo que favoreció su desman-
telamiento y posterior vaciado. Es muy posible que existiesen 
también  pequeñas  fracturas  transversales  de  dirección  NNW-
SSE, que favorecieron su desmantelamiento erosivo, aislando 
los bloques de Santa Clara y Urgull, que quedaron convertidos 
en sendas islas. Posteriormente los aportes fluviales, marinos y 
eólicos, configuraron el tómbolo que unió Urgull a la costa.
A partir de Donostia-San Sebastián, la costa es rocosa y acanti-
lada, destacando únicamente la punta Tximistarri (y la ensenada 
del mismo nombre), la punta y ensenada de la Galea, en cuyo 
fondo se desarrolla una playa de cantos y la punta Tierra Blan-
ca (modelada por el mar a expensas de una zona sumamente 
fallada).
La labor de zapa efectuada por las olas, favorece el despren-
dimiento de enormes paneles areniscosos que tienden a acu-
mularse al pie de los acantilados, actuando como una auténtica 
pantalla protectora que absorbe la mayor parte de la energía 
liberada por las olas, impidiendo, o al menos dificultando la ero-
sión de la base del acantilado. A medida que estas acumulacio-
nes van siendo desmanteladas por el mar, la acción del oleaje 
puede incidir nuevamente sobre la base del acantilado.
Estos espacios son violentamente batidos por las olas, habién-
dose medido presiones del orden de las 30 tm./m² (Ibáñez, 
1985), aunque no dudamos que durante los fuertes temporales 
del NW, que periódicamente baten la costa, estas presiones son 
muy superiores.
Este mismo papel de pantalla protectora, también lo ejercen los 
altos fondos rocosos, islas, salientes, promontorios y construc-
Acantilados del monte Ulía, vistos desde el 
mar.
Bahía de la Concha-La Zurriola (Fot. 
Diputación Foral de Gipuzkoa)

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Geografía e Historia de Donostia / San Sebastián
ciones artificiales. En estos casos (isla Santa Clara, altos fon-
dos de Sepes, Iruarri, Txitxarbel, La Bancha, Pekatxilla), detrás 
de los obstáculos, la acción marina es relativamente moderada, 
predominando los procesos subaéreos y los mecanismos de al-
teración del sustrato.
La parte superior del acantilado está afectada por rociones y sal-
picaduras de agua salada y constantemente se ve humedecida 
por las partículas pulverizadas de agua que el viento arrastra ha-
cia la costa. Todos estos mecanismos, favorecen la alteración y 
descomposición de la roca, en base a procesos de humectación/
desecación, haloclastismo e incluso disolución del cemento car-
bonatado. Esto a su vez, favorece la corrosión y desagregación 
granular de las areniscas, así como el ensanchamiento de las 
fisuras y diaclasas que interrumpen los afloramientos rocosos, 
preparando el material para ulteriores procesos. El resultado de 
todo ello, es el modelado de numerosos alveolos, tafonis y gna-
mas (Edeso, 1.988), tal y como puede observarse en el Paseo 
Nuevo, en el Faro de la Plata, en la isla Santa Clara.
Los acantilados fósiles también son escasos, quedando relega-
dos al interior de las bahías y ensenadas que interrumpen el 
litoral. Algunos ejemplos dignos de mención, se observan en el 
extremo occidental de la bahía de La Concha, en la playa de 
Ondarreta. En todos estos casos, al pie de los acantilados, se 
desarrollan importantes acumulaciones arenosas, lo que nos in-
dica que la incidencia del oleaje sobre el acantilado es nula, y 
que éste evoluciona en función de los distintos procesos subaé-
reos que le afectan.
En definitiva, los acantilados que configuran la costa donostia-
rra pueden definirse como acantilados vivos con plataforma de 
abrasión intramareal mixta, sometidos a cambios constantes y 
afectados por procesos mecánicos de origen marino y subaé-
reo. Morfológicamente, articulan una costa rectilínea, abrupta y 
escarpada, muy poco recortada y claramente estructural, ya que 
las pendientes coinciden con los valores de buzamiento.
Es una costa erosiva, siendo escasas las acumulaciones de-
tríticas, que únicamente alcanzan cierta entidad en las desem-
bocaduras fluviales y en el interior de las pequeñas calas que 
interrumpen los acantilados (playas de cantos de forma semilu-
nar, constituidas por materiales procedentes de los acantilados 
cercanos).
La plataforma de abrasión o rasa mareal
Puede definirse como una superficie más o menos plana, de es-
casa pendiente (2-5º), que queda al descubierto durante la baja-
mar. Se prolonga a través del "shoreface" hasta una profundidad 
de unos 20 m. (a partir de aquí las olas dejan de ser eficaces). A 
lo largo del monoclinal de Jaizkibel-Ulia-Mendizorrotz, esta pla-
taforma presenta una reducida anchura: 10-20 m. en el faro de 
La Plata, 60 m. en Gros-Monpas, 30-40 m. en Tximistarri-Men-
dizorrotz, etc. Las áreas que están relativamente protegidas de 
las olas, se caracterizan por presentar importantes acumulacio-
nes de gruesos bloques que se han desprendido desde la parte 
alta de los acantilados como consecuencia de la convergencia 
de procesos de denudación subaérea y procesos de socavación 
basal. Por el contrario, en las zonas más expuestas, apenas hay 
Isla de Santa Clara, cerrando la bahía de la 
Concha.
Ensenada de Illurgita, en Ulía, durante 
la bajamar (Imagen: Diputación Foral de 
Gipuzkoa).

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Geografía e Historia de Donostia / San Sebastián
acumulaciones detríticas, desarrollándose una plataforma aca-
nalada, más o menos irregular.
Rasa mareal en Monpas
La plataforma intramareal está retocada por numerosas oqueda-
des de tamaño métrico a decamétrico, pudiendo diferenciar las 
siguientes formas:
Cubetas. Son formas deprimidas de poca profundidad y anchura 
importante. Normalmente se han excavado a favor de pequeñas 
diaclasas. Su longitud oscila de tamaño métrico a decamétrico 
y su profundidad rara vez alcanza los 2 m. En su fondo se acu-
mulan fragmentos rocosos más o menos rodados y sus paredes 
están perforadas por pequeñas oquedades de talla centimétrica, 
genéticamente ligadas a procesos biológicos (erizos, moluscos 
litófagos, etc).
Pilancones y marmitas de gigante. Son depresiones circulares 
de fondo plano, cóncavo o en embudo y paredes verticales. Su 
fondo está parcial o totalmente colmatado por cantos, bloques, 
arenas y conchas. Sus dimensiones varían extraordinariamen-
te, oscilando entre unos pocos centímetros y algunos metros de 
profundidad. Las marmitas se localizan a lo largo de la plata-
forma, en zonas bien expuestas a la acción del oleaje, siendo 
particularmente abundantes en la parte media intramareal.
Cuencos. Son depresiones bastante profundas, de fondo plano, 
cóncavo o en embudo y perfil cónico o circular. A diferencia de 
las marmitas, en su fondo no existen acumulaciones detríticas, 
siendo la disolución y la abrasión marina (junto con el haloclas-
tismo) en zonas de debilidad, los mecanismos responsables de 
su formación. Normalmente, sus paredes están tapizadas por 
diversos organismos que taladran la roca, generando un micro-
modelado característico.
Evidentemente, existen numerosas formas transicionales entre 
uno u otro modelo, dependiendo de las particulares condiciones 
hidrodinámicas de cada punto y de las variaciones litológicas 
del sustrato rocoso. Todas ellas son típicas de la zona interma-
real y se han modelado como consecuencia de los procesos de 
abrasión marina que afectan a la plataforma. En menor medida, 
pueden haber contribuido la humectación-desecación y el ha-
loclastismo, así como la intervención de diversos organismos y 
plantas, que retocan las paredes de estas cavidades.
Formas de acumulación
El litoral donostiarra se caracteriza por el predominio de la ero-
sión sobre la sedimentación. Las principales acumulaciones 
detríticas se localizan en las desembocaduras fluviales y áreas 
protegidas, siendo las playas las formas mejor representadas, 
(antes de la urbanización de la ciudad, las dunas, barras y fle-
chas eran muy abundantes).
Las playas engloban el espacio comprendido entre la línea de 
máxima pleamar y la base de los oleajes de tormenta en la zona 
antelitoral, que en esta área viene definido por la isobata de 20 
m. Hacia tierra, la playa está limitada por construcciones antró-
picas (La Concha, Gros-La Zurriola), aunque hasta no hace mu-
cho tiempo se desarrollaban cordones dunares.
Rasa mareal frente al paseo del Tenis. 
Cubeta mareal en la rasa próxima al paseo 
del Tenis.

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Geografía e Historia de Donostia / San Sebastián
En general, sus dimensiones son reducidas y tienden a orientar-
se en dirección W-E. Su morfología se ha visto profundamente 
modificada en las últimas décadas, así como sus dimensiones 
originales. En cualquier caso, podemos hacernos una idea de 
su antiguo aspecto gracias a la numerosa cartografía existente.
Las  acumulaciones  arenosas  experimentan  importantes  varia-
ciones a lo largo del año, en función del oleaje, de las mareas 
y de las corrientes. Durante los períodos de buen tiempo, el 
sedimento acumulado en los fondos antelitorales es empujado 
hacia la playa, mientras que durante los períodos de temporal, 
las playas se erosionan, depositándose la arena en los fondos 
marinos próximos. Esta removilización modifica profundamente 
el perfil de la playa; así, en verano y primavera, la playa está 
formada por una berma superior prácticamente horizontal que 
domina mediante un pequeño microtalud de 50-100 cm. de altu-
ra el resto de la playa. Al pie de este tramo el resto de la playa se 
dispone suavemente inclinado, pudiendo estar interrumpido por 
canales y barras, así como por distintos tipos de "ripples" (Las 
ripple-marks son pequeñas ondulaciones causadas por el oleaje 
en la arena).
Después de un temporal (sobre todo en otoño e invierno), la 
berma superior desaparece y la playa presenta un perfil suave-
mente inclinado que se hunde en el mar, no observándose nin-
gún tipo de estructuras sedimentarias (excepto "crescent mark"). 
Este balance erosión/sedimentación se traduce en un claro dé-
ficit de material arenoso, tal y como lo demuestra la falta de are-
na en los espacios litorales y la necesidad de aportar arena de 
manera artificial para mantener las playas. Concretamente, en 
junio de 1990, la playa de La Concha presentaba un déficit de 
200.000 m. cúbicos (Diario Vasco, junio de 1990), y la playa de 
Gros había perdido toda su arena. Evidentemente, éste hecho 
es debido a las profundas variaciones antrópicas que se han 
introducido en los espacios litorales (constante reducción de la 
superficie arenosa, canalización de ríos, construcción de mue-
lles, diques, puertos deportivos, etc.). Todas estas actuaciones 
se traducen en un déficit de sedimento arenoso, lo que favorece 
la lenta destrucción de las acumulaciones litorales.
Las playas de cantos se localizan siempre en zonas protegidas. 
Su morfología es estrecha y alargada. Estos materiales única-
mente son removilizados durante los períodos de temporal, mo-
delándose barras o cordones longitudinales con gradiente ele-
vado, ya que cuanto más grueso es el material y menos abrupta 
sea la ola que llega a la playa, mayor será el gradiente, de ahí 
que las playas de cantos sean más abruptas que las de arena.
Normalmente presentan dos bermas, la superior relacionada 
con las olas de temporal y la inferior, o de buen tiempo. En algu-
nos casos existen incluso tres bermas, presentando cada una de 
ellas materiales de talla distinta: gravas y cantos pequeños en la 
inferior, bloques en la media y cantos medios/grandes y bloques 
en la superior. En ocasiones, el borde de la berma superior pre-
senta un típico modelado en "beach cusp".
Formas de retoque desarrolladas en las areniscas Paleocenas: 
alveolos, gnamas y tafonis.
Bajo esta denominación englobamos el conjunto de formas cón-
Olas en la costa de San Sebastián (Paseo 
Nuevo)

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